Redacción - Continúa en la Sala Myrna Báez del Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico hasta el 26 de julio de 2026 la exposición individual del fotógrafo Ricardo Alcaraz Díaz titulada Cazador de Milagros.
El título de esta exposición, tomado de una frase del escritor Christian Ibarra, nombra algo central en la práctica de Ricardo Alcaraz: no es producto de la suerte de estar meramente presente, sino la disciplina de aparecer, día tras día, hasta que el momento cede lo que guarda en secreto.
Durante las últimas cinco décadas, Alcaraz ha dirigido su lente hacia la música, la danza, la política, los movimientos sociales y los pequeños momentos de la vida cotidiana en Puerto Rico, siempre con una intimidad cuidadosa, resistiendo la naturaleza extractiva de la fotografía a través de una compasión estética y de presencia.
Alcaraz comenzó en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico a mediados de los setenta, contribuyendo al periódico de la F.U.P.I., Poder Estudiantil, primero como artista gráfico y luego como fotógrafo, tras un serrucho entre los integrantes del colectivo para comprar una Yashica rangefinder de segunda mano. La universidad le dio su primera plataforma y lo formó política y fotográficamente.
A lo largo de su carrera profesional trabajó principalmente para Diálogo, el periódico de la Universidad de Puerto Rico, y Claridad, el semanario independiente. Pero su vasto archivo va más allá de sus obligaciones profesionales, y es el resultado de un compromiso personal inquebrantable con documentar lo que se omite del imaginario dominante. Lo que ha resultado es una carrera definida no solo por momentos singulares sino por acumulación, un registro cuyo peso histórico y profundidad estética son inseparables entre sí, cada fotografía enriquecida por las miles que la rodean.
Junto a las fotografías de Alcaraz, la exposición presenta objetos y materiales de su archivo casero: la infraestructura material de una práctica construida en gran medida fuera del apoyo institucional. Algunas impresiones en esta muestra llevan las marcas de inundaciones: parcialmente destruidas, sus superficies transformadas permanentemente en algo bello y desgarrador que excede el simple daño. Son, en palabras de Ibarra, imágenes “marcadas por un deterioro que es también metáfora del Puerto Rico actual”. Son las huellas de instituciones gubernamentales fallidas que degradan activamente nuestra memoria colectiva.
Son también evidencia. Evidencia de las condiciones bajo las cuales la memoria visual colectiva persiste en Puerto Rico y en el Caribe: precaria, autogestionada, e irreemplazable.
El archivo singular de Ricardo existe por su propio empeño: catalogando, preservando y protegiendo imágenes que las instituciones no han priorizado. Cazador de Milagros invita a sus visitantes a ver este trabajo invisible no como el telón de fondo de las fotografías, sino como parte de la obra misma: el acto de insistir en que estas imágenes, y las vidas que contienen, merecen ser guardadas y merecen ser vistas.
El título de esta exposición, tomado de una frase del escritor Christian Ibarra, nombra algo central en la práctica de Ricardo Alcaraz: no es producto de la suerte de estar meramente presente, sino la disciplina de aparecer, día tras día, hasta que el momento cede lo que guarda en secreto.
Durante las últimas cinco décadas, Alcaraz ha dirigido su lente hacia la música, la danza, la política, los movimientos sociales y los pequeños momentos de la vida cotidiana en Puerto Rico, siempre con una intimidad cuidadosa, resistiendo la naturaleza extractiva de la fotografía a través de una compasión estética y de presencia.
Alcaraz comenzó en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico a mediados de los setenta, contribuyendo al periódico de la F.U.P.I., Poder Estudiantil, primero como artista gráfico y luego como fotógrafo, tras un serrucho entre los integrantes del colectivo para comprar una Yashica rangefinder de segunda mano. La universidad le dio su primera plataforma y lo formó política y fotográficamente.
Desobedencia Civil en Vieques
1979
A lo largo de su carrera profesional trabajó principalmente para Diálogo, el periódico de la Universidad de Puerto Rico, y Claridad, el semanario independiente. Pero su vasto archivo va más allá de sus obligaciones profesionales, y es el resultado de un compromiso personal inquebrantable con documentar lo que se omite del imaginario dominante. Lo que ha resultado es una carrera definida no solo por momentos singulares sino por acumulación, un registro cuyo peso histórico y profundidad estética son inseparables entre sí, cada fotografía enriquecida por las miles que la rodean.
Camino a Lares
Junto a las fotografías de Alcaraz, la exposición presenta objetos y materiales de su archivo casero: la infraestructura material de una práctica construida en gran medida fuera del apoyo institucional. Algunas impresiones en esta muestra llevan las marcas de inundaciones: parcialmente destruidas, sus superficies transformadas permanentemente en algo bello y desgarrador que excede el simple daño. Son, en palabras de Ibarra, imágenes “marcadas por un deterioro que es también metáfora del Puerto Rico actual”. Son las huellas de instituciones gubernamentales fallidas que degradan activamente nuestra memoria colectiva.
Son también evidencia. Evidencia de las condiciones bajo las cuales la memoria visual colectiva persiste en Puerto Rico y en el Caribe: precaria, autogestionada, e irreemplazable.
El archivo singular de Ricardo existe por su propio empeño: catalogando, preservando y protegiendo imágenes que las instituciones no han priorizado. Cazador de Milagros invita a sus visitantes a ver este trabajo invisible no como el telón de fondo de las fotografías, sino como parte de la obra misma: el acto de insistir en que estas imágenes, y las vidas que contienen, merecen ser guardadas y merecen ser vistas.



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