Algunos cuadros ‘entretanto’

Por: Mell Rivera-Díaz




Conocí a Jun cuando ambos éramos estudiantes en la Iupi. Desde entonces hemos sido amigos. Jamás le he llamado José Julio, pero quizás la ficción de este nombre me ayude a escribir. Recuerdo un día, hace ya quizás cinco años, en el que José Julio me explicaba el proyecto con el cual iba a terminar su bachillerato en pintura. Tenía que ver con el paisaje, las figuras humanas, y la solidaridad. No estoy seguro cómo figuraban esos tres elementos entre sí, o cuánto de lo que recuerdo es invención mía, pero creo que la idea trataba sobre la dificultad de distinguir entre cuerpo y paisaje, las maneras en que el cuerpo se pierde en el paisaje y viceversa, y la solidaridad[1] como una manera de no objetificar totalmente el objeto pintado en la abstracción de la propia pintura; la solidaridad como una apuesta por conservar la subjetividad de aquello que se captura con la mirada y con el trazo. Recuerdo yo mismo ser sujeto/objeto en una pintura de José Julio. Nos adentramos una tarde con otro amigo en un pequeño bosque de la Iupi cerca del centro de estudiantes, nos quitamos un poco de ropa y José Julio nos pintó como figuras en proceso de confundirse con el paisaje. De la experiencia se me queda la incomodidad de los mosquitos en mi cuerpo expuesto, la sensación física de la mirada de un artista vertida sobre un cuerpo que se imaginaba en aquel momento gordo y avergonzado, y esa solidaridad que, en nuestro caso particular, ha logrado trascender el objeto de arte para materializarse en nuestra relación. A José Julio Martínez no lo conozco, pero Jun ha sido y continúa siendo desde aquel entonces uno de mis amigos más importantes, en la vida y en el arte. 






Como yo lo veo, el artista en el proyecto de José Julio no se plantea como un sujeto alejado que observa y representa al mundo con sus cosas, sino que, más bien, quisiera estar aplicado plenamente entre el resto de los elementos que busca representar. De aquí el interés en adentrarse en el bosque una y otra vez[2]. El paisaje en esta conceptualización no es parte de un mundo del cual hay que tomar distancia para comprender, sino que es el mundo en el que inevitablemente estamos emboscadxs, pintado desde la radicalidad encarnada de estar in situ. José Julio intenta pensarse en el nivel de las mismas figuras que intenta representar: el artista es solo un cuerpo más, igualmente confundido con el paisaje, con los límites entre los cuerpos y el mundo; los cuerpos y los cuerpos. Este cuerpo particular intenta configurar al paisaje, configurar a los demás y configurarse a sí mismo a través de la pintura. 





Yo me mudé a California para comenzar un doctorado algunos días antes de que María pasara por casa. Aquí en Irvine estuve muy triste y pasó mucho tiempo y muchos poemas antes de que pudiera escribir ‘aquí’ para referirme a California. A Jun lo vi en la isla el verano después del huracán, cuando el paisaje estaba irreconocible y devastado. Aquí en Puerto Rico también estuve muy triste al sentir que ya no podía decirle aquí al hogar en el cual no sobreviví. Triste también guiando por las calles y no reconociendo nada, fijándome por primera vez en el paisaje a raíz de su carencia. Fijándome en cómo en todas las memorias de mi vida el paisaje y de repente nada. Recordando que un día en una pintura yo también fui paisaje y ahora nada. Cuando vi a Jun nos reunimos por plaza universitaria a hablar de que ya no tenía nada que pintar. Me contó que la práctica pasó de antes adentrarse en el bosque a ahora comprar flores en las luces, llevárselas al cemento del taller a pintar[3]. No había en el momento paisaje en el cual emboscarse más que el entorno de isla hecha ruinas y algunas pequeñas flores, nacidas de la astucia. Eso también es paisaje, como lo son los cuerpos que lo sobreviven, aún sin un lugar estable que los sitúe. 




Mi investigación académica tiene que ver con la relación entre arte y política, a través de la emoción. Emoción tiene que ver con afecto, pero también, de una manera muy literal, tiene que ver con la experiencia de moverse, mover, dejarse ser movido. La pintura de José Julio es pintura política en cuanto registra el movimiento de los cuerpos y el paisaje a la vez que registra la experiencia de ser un cuerpo moviéndose y siendo movido entre otros cuerpos, componiendo paisaje. El paisaje en su trabajo no es solo una manera de referirse a los árboles que se observan y entre los cuales los cuerpos se emboscan; es también, me parece, una manera de pensar la política del paisaje que las condiciones imponen y las maneras en que los cuerpos también conforman paisajes desde adentro de los vericuetos del paisaje colonial. La solidaridad —o la empatía, por usar su palabra y aterrizar en el registro de las emociones— es, entonces, no solo una manera en el que el artista habita el mundo y plantea su poética, sino que además sugiere una incitación a todes nosotres. En ese sentido, su trabajo nos invita a una reflexión sobre cómo precisamente estar aquí, quizás hasta juntxs. 









A Jun lo conocí en la Iupi, en un grupo de estudios bíblicos. Yo de los estudios bíblicos conservo un interés en la interpretación, en la ética y la política, y en la manera posible en que dos seres y muchos seres se puedan relacionar con una medida de solidaridad. Una vez escribí un poema basado en una serie de estudios que hicimos del libro de Eclesiastés y se lo dediqué a Jun: “tú eres mejor que nadie. ustedes / son mejor que nadie. mejor es lo que / acontece aquí, entre las paredes inevitables de nacer y morir. paredes lejanas y en extremo profundas”. Últimamente me esmero repitiendo una de las cosas que decía Jesús: el ser no fue hecho para el sábado; el sábado fue hecho para el ser. Últimamente el paisaje me obliga a recordarme la necesidad imperante de descansar. Últimamente tengo que estar muy pendiente de estar aquí.


Lo más cercano a aquí fue hace un ratito en la cocina, estaba fregando unos platos frente a la ventana. Estoy en Portland, guié aquí desde Irvine para ayudar a una amiga a mudarse a casa de otros amigos. Mientras estoy fregando le cuento que mi amigo Jun cambió el título de su exhibición a ‘meanwhile/between so much,’ le traduzco a ella. Ella no entiende muy bien cómo mi amigo llegó de ‘already/not yet’ a “Entretanto”. Cuando me toca explicarle lo primero que se me ocurre es recordarle que María, que el verano, que los terremotos, que los Estados Unidos, que se vive como si las vidas negras no importaran cuando importan, que mi amigo Jun es, ante todo, un paisajista pintando entre[]tanto.


La próxima exhibición de José Julio Martínez se sitúa en algún lugar entre todo esto. Mejor, entonces, los dejo con la invitación que él mismo nos lanza:










[1] Su palabra no era solidaridad sino empatía: estar dispuesto a las pasiones que carga el paisaje.


[2]https://www.inpuertoricomagazine.com/post/2016/11/14/José -julio-mart%C3%ADnez-ein-waldganger-un-emboscado


[3] Cuando le escribo a Jun para pedirle fotos de las flores, me explica que solo compró flores en la calle la primera vez, de ahí en adelante compró de la finca de una amiga. No sé bien en qué momento el relato se volvió aquel para mí.

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