viernes, 17 de agosto de 2018

Entre aguadas y pigmentos… la obra enigmática de Ricardo Marrero


La Princesa de Piñones

Por Prof. Nilda Rosario, M. Ed., Artista plástico y educadora

Cómo halo de intimidad, suspiro de tranquilidad se sumerge la mirada en escenas cotidianas. Esas que son reminiscencia de lugares y estampas novedosas y a la vez tradicionales de la cultura puertorriqueña.  Tradicionales, porque son reconocidas inmediatamente: la Plaza de Caguas, Loíza, la calle 25 de enero en Ponce; pero novedosas porque vienen cargadas de una nueva energía.  Esto debido al medio en el cual Marrero las presenta al espectador.

La acuarela se convierte en el vehículo conductor de ese viaje a adentrarse en detalles tan específicos, como la corrosión de metales, en donde se prepara el rico manjar “Bacalaítos"; y la escena aún más real en donde se puede solicitar de inmediato a la cocinera ese tradicional y delicioso manjar.  Y al viajar por la escena se aprecian los plátanos colgados del techo, la humilde cocina con su estufa y las grandes manos de ese sabroso bacalaíto que al verlo el público casi lo degusta en su paladar por su gran realismo.


Rosas Azules

La acuarela es un medio cuyo precursor lo fue el fresco.  Nace en China, poco después del año 100 antes de Cristo, debido a la creación del papel.  Para los chinos éste se convirtió en el medio de expresión.  Ya para el siglo XII, los árabes introducen la fabricación del papel en España y de ahí se extiende a Italia.  En el desarrollo de la acuarela el papel juega un rol importante.  El mismo provee los espacios de luz y absorbe los pigmentos que son aplicados capas sobre capas para crear las transparencias y saturaciones en las obras.  Ejemplo de ello se puede observar en la obra “Rosas Azules", donde Marrero recrea la libertad y felicidad de la inocencia infantil.  Trepar en un árbol representa la travesura y aventura que el alma de la niñez provoca.

Regalo de sombra 

Residencia de Valientes

Lo cotidiano lleva a pasear por la Plaza en “Regalo de Sombras".  Aquí  con gran majestuosidad se recrea la imagen de la integración del ser humano en el aprecio de éste por la naturaleza en el centro urbano.  Y si de recordar eventos históricos se trata, Marrero hace un homenaje a los valientes luchadores del fuego del Polvorín.  Evento histórico en la ciudad Ponceña, donde héroes pusieron en riesgo sus vidas por proteger la ciudad de un gran fuego que amenazaba con devorarla. “Residencia de Valientes" presenta la yuxtaposición de veladuras de rojos y negros, colores de la ciudad, que son un vistazo a la calle 25 de enero, cuyas casas son homenaje que él perpetúa en su obra a esos valientes héroes del Polvorín.

Cabe reseñar la gran maestría con la cual, Marrero, maneja la aguadas para recrear sus marinas, como en “Madrugada sin Viento" y sin olvidar el vistazo ampliado al jardín japonés bocado en El Vigía, a través de la obra “Nishikigoí" (obra a la izquierda), con sus peces Koi cuyos colores vibrantes invitan a tocarlos y disfrutar de su belleza magnífica. 

Y finalmente “La Princesa de Piñones" con su mirada radiante, brillante y potente, con pose de actitud vibrante que hace recordar la creencia en que la niñez y juventud  puertorriqueña tiene carácter y fortaleza propia para llevar y dirigir al país hacia un futuro mejor.

En fin observar con detenimiento cada detalle, cada veladura, cada juego con el pigmento en este cuerpo de obras en acuarela es adentrarse a un mundo de posibilidades,  de destacar la esencia puertorriqueña y con gran maestría demostrar que la acuarela es un medio retante, el cual Marrero domina con ejemplaridad excelente.  Esta es una invitación a apreciar en De Arte en Plaza, Galería Trinitaria, la acuarela como obra formal en Entre las aguadas y pigmentos de Ricardo Marrero.

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