domingo, 19 de agosto de 2018

Conexos: Generaciones concéntricas


 Vista de la exposición en Galeria Space 

Por José Correa Vigier, curador e historiador

Ser artista conlleva múltiples compromisos. La disciplina de la ejecución, la búsqueda de la excelencia mediante el arte y la constante evolución personal son parte integral del perfil de un artista consumado. Los autores buscan ese crecimiento y, a menudo, lo encuentran en el apoyo de otros creadores que los antecedieron. 

Esta exposición trata de cómo se intercambian las experiencias que impulsan el crecimiento artístico. También, de la manera en que las generaciones anteriores inspiran las venideras.

Si comenzarlo todo sería analógicamente como arrojar una piedra al agua, ese primer estallido de ondas concéntricas tendría nombre y apellido; en este caso, María Luisa Penne de Castillo. Ponce, (1913-2005)

De las artistas que integran esta muestra, dos de ellas —Noemí Ruiz y Susana Herrero Kunhardt— encontraron en María Luisa Penne de Castillo una fuente inagotable de apoyo. Penne de Castillo fue una fortaleza para artistas con potencial de desarrollo. En un Puerto Rico de oportunidades limitadas, Penne de Castillo se ocupaba de identificar y apoyar los creadores que percibía como promesas artísticas. Así lo hizo con Herrero y Ruiz. Se les acercaba y les invitaba a participar, a unirse y a explorar el mundo del arte. Esta exposición es también un reconocimiento a su labor docente, su generosidad y su marcado entusiasmo por las artes

María Luisa Penne de Castillo diseñó e implementó el currículo de la sección de bellas artes en la Universidad Interamericana de San Germán y en el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico. Entre ambas instituciones, hubo un periodo de 40 años —desde 1940 hasta 1980— de dedicación a la docencia y al desarrollo de artistas y centros de arte en la isla. Con una carrera académica impresionante, ella se graduó del Pratt Institute de Nueva York en 1935; posteriormente, del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, y continuó sus estudios doctorales en Columbia University, en Nueva York.

Anna Nicholson Rivera hereda de Susana Herrero las enseñanzas en la disciplina de la gráfica y, a su vez, es recipiente del saber que Penne de Castillo depositó en Herrero. Este patrón delinea un esquema de relevo generacional que se renueva constantemente.

Por ser precisamente el medio gráfico donde experimentaron más profundamente con técnicas, grados y colores, cada artista en esta muestra está representado por seis piezas gráficas y una pintura.  

Vista de la exposición en Galeria Space 

En el caso de Noemí Ruiz (Mayagüez,1931), la gráfica es un campo de constante búsqueda en cuanto a técnicas y experimentos, con el que logra texturas variadas. Las figuras orgánicas que estuvieron presentes desde el comienzo de su producción se repiten en trabajos gráficos y alcanzan una mayor resolución en los detalles. Los hilos y el perímetro que recorren las líneas muestran mayor definición y precisión. La artista también usa la técnica del gofrado para añadir profundidad al papel al momento de imprimirlo. Las superficies dentro de las cavidades que plasma en el papel son accidentadas y evocan las de semillas o astros.  Hay en las obras de Noemí Ruiz una promesa en ruta de consumarse.

Inspirada por la naturaleza que la rodeaba y las formas orgánicas que descubrió en la playa,  formó un sólido catálogo de imágenes que posteriormente discurrirán en sus trabajos. Sus piezas altamente trabajadas parecen nacer de un proceso tortuoso sin embargo se muestran en narrativas líricas que fluyen a la vista sin mayor esfuerzo. En trabajos gráficos tempranos se percibe experimentación y juegos orgánicos con marcada influencia del biomorfismo. En la pieza Explosión.Naturaleza Ruiz ensaya las técnicas del aguafuerte y el gofrado, y consigue una sorprendente composición que alude a criaturas marinas vistas desde una perspectiva dual.

Vista de la exposición en Galeria Space 

En 1977 adquirió la tecnología New Art Form,  para realizar impresiones serigráficas. Mediante un procedimiento de succión, dicha máquina es capaz de imprimir varios colores simultáneamente. Ruiz luego usaría esta herramienta para la impresión de piezas clave de su producción. Obtuvo texturas que simulan petroglifos y superficies de granito con ricas cualidades pétreas. También consiguió acabados marmoleados de varias tonalidades. En 1984, fue invitada a participar del Portafolio de Artes Gráficas Panamericanas (AGPA), donde los más destacados exponentes del grabado expusieron sus obras. En esa muestra, Ruiz incluyó la pieza titulada Germinación, con la que llevó la técnica de la serigrafía y las aplicaciones de color marmoleado a su más alto nivel.

La pintura de Noemí Ruiz que incluimos en esta muestra se seleccionó por varias razones. Primeramente, 1967 es un año determinante en la vida de la artista, pues en él se aprobó su propuesta para crear una especialidad de educación de las artes en el Recinto de San Germán de la Universidad Interamericana. Recordemos que las tres autoras que incluimos en esta muestra, además de ser artistas, también dedicaron gran parte de sus vidas a impartir la educación de las artes.

Presencia, 1967, (obra a la izquierda) representa una configuración de círculos inconclusos que ascienden hasta el extremo de la composición. Las tonalidades rosadas y amarillas tenues reflejan en los colores blancos diversos prismas que añaden dimensión al drama intrínseco de la pieza. 

Susana Herrero Kunhardt también fue discípula de María Luisa Penne de Castillo. Como mentora, identificó en la joven artista una capacidad innata para el dibujo y la composición. Herrero Kunhardt nació en Nueva York en 1945 y, en 1946, regresó con su familia a Mayagüez, donde residió permanentemente. Tras graduarse del Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico en 1967, completó una maestría en la Universidad de Missouri en Columbia, MO, en 1970. Herrero se dedicaba mayormente a la gráfica, la cual ganó auge en Puerto Rico durante la década del 70 debido a la celebración recurrente de la Bienal del Grabado Latinoamericano en San Juan. Sin embargo, es importante notar que la artista se dedica mayormente a explorar la gráfica a través de la litografía.

De los medios gráficos empleados por artistas de la isla, fue la litografía la disciplina a la que los artistas rehuían con más pavor. Esto se debía, básicamente, a que la técnica de impresión en una superficie pétrea requiere elementos como goma arábiga y ácido nítrico para su compleción. Ello hacía del proceso uno altamente tóxico y trabajoso. Además, el resultado final de la manipulación de la imagen y la terminación era tan impredecible que los autores carecían del control necesario para completar los trabajos a su gusto. Herrero Kunhardt, por alguna feliz predisposición —acompañada de tenacidad y mucho estudio—, maneja la técnica de la litografía con destreza incomparable. De nuestros artistas, es irrefutable que ella ha llevado la litografía a su más alto nivel, incluso fuera de nuestras costas.
En conversación sostenida con la artista me comenta como durante un viaje a su exhibición individual en Holanda en 1990 conoció parte de su familia alemana de Hamburgo. En casa de sus parientes pudo apreciar una impresión litográfica de su familiar directo, Otto Kunhardt quien en 1804 elaboró su autorretrato en una piedra el cual imprimió después en uno de los primeros talleres de litografía de Alemania.

El tema que predomina en el catálogo de imágenes de la artista es la figura humana. El estudio clásico del desnudo en la obra de Herrero Kunhardt permite notar la marcada anatomía en toda su magnificencia. Los escorzos, contrapostos… en fin, el canon de la belleza y armonía clásica es explorado por la artista en sus múltiples gráficas. Sin embargo, el tratamiento en sus desnudos va mucho más allá de un simple estudio anatómico: también carga sus sujetos de un intenso sentimiento anímico. En las piezas de Herrero Kunhardt, lo que a primera vista nos parece un desnudo va adentrándonos en la complejidad psicológica de los seres que las habitan. 

Manifestacion de Soledad

Lo anterior se refiere a que se ha escrito casi exclusivamente sobre la desnudez de las obras de Herrero Kunhardt, pero, en sus vocablos más reflexivos, los sujetos de esas piezas hablan de complejidades mucho más profundas. La autora navega por sentimientos como el miedo, la  angustia, la soledad, el desplazamiento y, claro, el erotismo, la pasión y la vida misma.

Los planos que sirven de escenario en las piezas de Herrero Kunhardt también se muestran desnudos. Son superficies blancas en su totalidad, carentes de elementos decorativos o innecesarios. Este tratamiento obliga al ojo a enfocar los sujetos directamente. La autora crea nuevas anatomías que reflejan la complejidad del ser humano. En los cuerpos anudados de los sujetos, a menudo los rostros son invisibles, pues en la manera que los contemplamos, simultáneamente, nos identificamos. 

El universo artístico de la autora es antropocéntrico: toma al cuerpo como objeto de su mirada y remite al ideal que ve en su desnudez la cumbre de la representación humanista. Frecuentemente se enlazan los sujetos en relaciones binarias. A veces es preciso dedicar tiempo a identificar los elementos corpóreos, pues los enlaces revelan una conexión tal que ambos cuerpos se hacen uno. Estas imágenes son universales. Las obras de Herrero Kunhardt pueden apreciarse con igual intensidad en cualquier lugar o momento histórico.

Es mediante este concepto que también se manifiesta parte de la obra gráfica de Anna Nicholson Rivera, la tercera de las artistas presentadas en esta muestra. Ocupa este espacio por ser una de las más notables discípulas de Susana Herrero Kunhardt. Con su mentora aprendió las técnicas del grabado, tales como los relieves en cuatricromía, la colografía, el intaglio sobre zinc y el Chine collé.

Nicholson nació en Aibonito en 1964. En 1988, se graduó del Recinto de Río Piedras de la UPR, donde realizó un bachillerato en pintura y grabado. Posteriormente, hizo estudios superiores y de posgrado en México y Argentina: en 1992 y 1994, respectivamente. Ella eligió la colografía como el medio primordial para realizar la mayor parte de su obra gráfica. Sus temas se desplazan entre el paisaje urbano, la naturaleza y la imagen de la mujer. Cuando nos acercamos a las piezas de Nicholson, saltan a la vista el grado, la textura y el color. Estos elementos son persistentemente notables en sus colografías y añaden una dimensión adicional al resultado final. Las ricas texturas que logra la artista mediante la impresión de materiales encontrados estampan una huella de antigüedad en la ejecución de sus trabajos.


Así lo logra consistentemente, manteniendo un nivel óptimo y coherente en su trayectoria de producción plástica. Silvia ante los espejos, (obra a la izquierda) es una pieza temprana de la artista que tiene el cuerpo como eje principal de la composición.

Hay cuadrángulos que circundan al sujeto, crean ventanas en su interior y abren horizontes en el plano de la pieza. Llaman la atención el color verdoso del cuerpo y las nervaduras que crepitan por todo su perímetro. A pesar de la quietud existente en Silvia, las múltiples miradas quedan envueltas en su epidermis viva y sus nervios de follaje.

La técnica de la colografía incorpora todo tipo de elementos y texturas a la matriz de impresión. Una vez formada la plancha, se procede a imprimir el papel mediante presión mecánicamente. Por esa razón, ver una colografía es tan gratificante. Al observar de cerca, descubrimos todo tipo de objetos y superficies familiares que dejan un facsímil táctil sobre el papel. Esta narrativa es un léxico que Nicholson domina plenamente, no solamente para crear un paisaje de ricas texturas, sino para usarlas simbólicamente en sus trabajos.

Piezas como Abrazo a la esperanza desnuda nos invitan a reflexionar sobre la naturaleza y el espacio que el ser humano ocupa en ella. Las hojas se convierten en protagonistas y, a la sombra de su protección, se cobijan sentimientos que nos arropan como una bendición.

Floresta, de 1993, es una pieza de gran formato donde están presentes tanto la luz como la sombra en perfecta armonía. Las pinturas de Nicholson son una celebración de los colores y las formas. A pesar de ser sumamente difícil lograr un balance entre lo dramático y lo sutil, la artista logra un trabajo de gran excelencia compositiva. En esta pieza están presentes los colores profundos que surgen como gruesos filamentos desde los límites del soporte. Desde abajo, una vez más, nace la naturaleza que invade gran parte de la pieza, al igual que la luz que irradia su totalidad.

Referencias:

  1. Cross, Fernando & Moreira, Rubén. Noemí Ruiz y su espacio en el tiempo. San Juan, Puerto Rico: Museo de Arte Contemporáneo, 2007.
  2. García Gutiérrez, Enrique. Susana Herrero Kunhardt. San Juan, Puerto Rico: Editorial del Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1990.
  3. Miller, Jeannette. Noemí Ruiz y la poesía visual del trópico. San Juan, Puerto Rico: Universidad Interamericana de Puerto Rico, 1996.
  4. Tió, Teresa. 24 de Febrero de 1999. De casas, Madres y Ceremonias. El Reportero, San Juan, Puerto Rico. Cultura, Pag. 3.
Ver catálogo de la exposición en: Conexos: Generaciones concéntricas

La exposición se presenta en la Galería Space localizada en Galería San Patricio 104, Calle Tabonuco B-5, Guaynabo, Puerto Rico (Entrada por Red Mango). Información: Sr. Manuel Vázquez 787-397-6395

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